Códice Medieval

Por :
Fray Hectorius de Saraqusta
Éste documento se aborda con el único objeto de poder ilustrar a los interesados en recreación histórica Medieval sobre cómo crear un códice medieval del S. XII y S. XIII siguiendo técnicas medievales. Sobre todo va enfocado a aquellos que no poseen ningún conocimiento necesario para llevar a cabo una empresa de éstas características.
El Códice del S. XII - XIII es el resultado de la unificación de criterios que Carlomagno impuso en todo su reino cinco siglos antes, sobre todo en cuestiones tan importantes como la proliferación de bastiones culturales en las Abadías, utilización de alfabetos estandarizados, temáticas y esfuerzos promulgados por la Iglesia Católica, artesanía laica y ante todo la idea de hacer del trabajo monástico un arte por y para Dios, en éste caso los códices, que fueron durante siglos los almacenes del acerbo cultural de la Edad Media.
Es por ello que en los mejores códices de aquella época se pueden apreciar obras maestras de la metalurgia, orfebrería, marroquinería, caligrafía y pintura haciendo del conjunto el máximo exponente del libro (tal y como lo entendemos) de toda la historia de la humanidad.
Los Reinos de Castilla, León y la Corona de Aragón se beneficiaron de las corrientes artísticas de los musulmanes, dotando a los Códices una estructura que pasaría al resto de Europa y a la historia como unos de los más bellos y finamente acabados de su época. Mientras los castellanos asumían mas prontamente los avances de los musulmanes descubriéndolos al mundo de la cristiandad, los Catalanes y Aragoneses asumían el papel de "encuentro de culturas" entre Oriente y Occidente, así como las novedades que los Irlandeses y Germanos imponían, mezclando todos en una mezcla homogénea sin parangón en el resto del mundo.
No se puede hablar de una estructura base a la hora de recrear un códice medieval Ibérico del S. XIII; Dependía del gusto de los artistas el representar unas u otras figuras en los marginalia, un tipo u otro de alfabeto, tintas, arte decorativo en las tapas, así como del tiempo empleado y de la calidad de los materiales disponibles. Es de reseñar que en España podían darse la práctica totalidad de materiales, desde el vellum, un pergamino especial sacado de corderos recién nacidos o prematuros, hasta el novedoso papel de tela de influencia musulmana que comenzaron a finales del siglo anterior a utilizar en los reinos castellanos, pasando por supuesto por otros materiales mas bastos, así como los famosos cueros españoles para encuadernaciones o auténticas obras de arte de los orfebres de Toledo en las tapas y cerraduras; En las caligrafías podemos observar las mismas inclinaciones, dependiendo del capricho del amanuense, o de la corriente artística que se diese en el Monasterio en ese momento. Todo ello sumado deja al recreacionista un margen suficientemente amplio como para no caer en incorrecciones históricas.
El Idioma empleado (recordando que tratamos los monasterios) era usualmente el latín clásico, aunque se transcribían copias en otros idiomas, como el árabe, griego, y desde el S. XI algunas de las lenguas romances, aunque era en verdad raro en los monasterios, salvo que su contenido fuese sancionado como edificante por la curia papal. Lo normal era traducir esas lenguas al latín clásico. Fuera de las abadías se usaba cualquier lengua preferida por el autor, de ésta forma los ya mencionados Gonzalo de Berceo y Ramón Llull o Alfonso X con sus Cántigas en Gallego antiguo hicieron famosas las tres lenguas romances que había establecidas en la península.
El recreacionista novel que quiera plasmar escritos de factura propia y no tenga conocimientos de lenguas clásicas o acceso a algún traductor con tiempo libre podría escribir en su lengua materna, pero caería en el anacronismo por excelencia, si algo es completamente seguro es que NO se escribía en lenguas modernas, pero dependerá del uso que se le quiera dar al Codex.

Si alguien tiene intención de crear un Grimorio, que no tome en consideración las ideas que circulan del alfabeto tebano y similares, puesto que se empezó a usar realmente a mediados del S. XIX con el resurgimiento del paganismo y derivados, como la Wicca, el druidismo y demás, religiones resucitadas sin mucho que ver con las originales del medioevo. Por aquel entonces se escribirían en alfabetos creados ex-profeso, como signos zodiacales, alfabeto hebreo o directamente con las lenguas vulgares de la región, repletas de metáforas, dobles sentidos o enmascaradas en poemas y recetas de cocina.

Huelga decir que hay que escribir a mano, difícilmente pasará el pergamino o el papel de tela por la impresora, amén de resaltar que es el minucioso trabajo manual lo que otorgará el sello personal al texto, incluidos los errores tipográficos, correcciones e incluso las notas al margen, dándole el verdadero valor de manuscrito a la obra.
Ahora que tenemos claro qué queremos hacer, hay que hacerse una idea de cómo lo queremos. Para el tema que estamos tratando, explicaré una forma fácil y sencilla de crear un Códice básico, aunque cada cual podrá ampliarlo, reducirlo o aportar sus preferencias al gusto. Hay otras variantes.

Códice Básico

Paso 1º

Útiles del scriptorium.
Cálamo y/o Pluma de Ave
Pinceles finos
Soporte
Reglas
Piedra pómez y piedra de lijar
Punzón y estilo
Tinta
Tablas de madera
Cuero
Bramante o fibras de cuero
Aconsejo una mesa de dibujo graduable en ángulo, para trabajar a 30 - 45 grados, serán demasiadas horas encorvado sobre el pergamino para que lo queramos hacer más complicado.
El Cálamo es una caña cortada en ángulo y con la punta recta, con un hueco para que caiga la tinta (Ver tallar cálamo), exactamente igual que la pluma de ave. No se usaban plumas metálicas, lápices como los entendemos ni nada parecido, únicamente un Cálamo y/o una pluma de ave biselada.
Los pinceles los utilizaremos para pintar las Capitulares y los márgenes. Es preferible que sean finos, no habrá muchos huecos grandes para usar un pincel grueso.
El soporte como ya hemos indicado puede ser papiro (MUY en desuso, extremadamente frágil y pasado de moda, aunque si se quiere hacer un códice más antiguo o que se salga de la norma se puede intentar, sólo se podía escribir por un lado), papel de tela (traído por los musulmanes, precursor del papel actual, fiable, mucho mas barato y totalmente aceptable en el S. XIII, sólo se daba en España, a lo largo del siglo anterior se fue popularizando poco a poco por la península) y por supuesto el pergamino, con multiplicidad de colores, texturas, casi indestructible con cuidados moderados, un tacto inigualable y el carácter propio de la tradición amanuense medieval.
El palimpsesto era pergamino reutilizado, frotado con piedra pómez, puesto a macerar en leche y espolvoreado de talco, viene perfecto para los pergaminos que hayamos podido estropear o cuya calidad no nos haya convencido, y al ver entre las páginas algunas de éste tipo reforzaremos la idea de manuscrito que queremos recrear.
Sale mucho mas barato fabricar papel de tela, aunque para lo que nos ocupa nos da igual cualquiera de los dos últimos. (Para fabricarlo ver cómo hacer papel).
La regla debe ser metálica o de madera, ni falta que hace que esté graduada, pero que sea acorde con el tamaño de folio que queramos emplear, debe llegar de punta a punta del largo de la hoja, o bien disponer de dos reglas (lo que aconsejo) una para los renglones horizontales y otra para los verticales. Para los audaces que quieran emplear cursivas les recomendaría escuadra y cartabón para trazar las diagonales de trazo.
La piedra pómez sirve para limpiar el pergamino, y para subsanar errores y borrar la tinta, la piedra de lijar (de grano lo mas fino posible) sirve para lo mismo, y además podremos sacarle punta al cálamo o pluma.
Con el punzón y estilo podremos trazar las pautas de escritura, marcar el punto con el punzón y las líneas con el estilo.
En cuanto a la tinta hay varias recetas, pero sobre todas destacan 2 (ver cómo hacer tintas), además de la tinta roja, empleada para resaltar primeras o últimas frases, las capitulares o cualesquiera motivo que el amanuense decida para dar la nota de color y ritmo visual al texto.
Para las tapas dispondremos de los tablones de madera forrados de cuero, aunque admite variaciones, como tapas de cuero rígido, tapas metálicas o la variante de cuero flexible doblado como un cartapacio, para lo que nos ocupa supondremos unas tapas de madera (La madera que prefiramos, aunque recomendaría de un grosor no superior a ½ cm.) forradas de cuero (de nuevo, a elegir)
El bramante o el hilo de cuero nos servirán para coser las páginas y los cuadernillos.

Paso 2º

Elaboración de la página.

Primero tendremos cortados los folios al tamaño que deseemos (lo normal es cortarlo al doble de una página, si queremos páginas en DIN A-4, habrá que cortarlo en DIN A-3) y luego ordenar los cuerpos de texto en los lugares correspondientes, aunque también se puede crear página a página, lo que recomiendo para los que empiecen, puesto que si nos equivocamos de forma irreversible es mas fácil rehacer una o dos caras que cuatro. Para lo que nos ocupa supondremos un tamaño de página cercano al DIN A-3, con lo que cortaremos los pergaminos en DIN A-2, (Cuanto más grande la superficie, mas grandes podremos hacer las letras, para el principiante una página pequeña supondría aumentar la dificultad al realizar caligrafía con lupa, y no digamos luego las miniaturas de los márgenes en folios de tamaño DIN A-4 o inferior) con lo que resultará un Códice bastante espectacular, fácil de realizar y propio para recreaciones, en las que los libros suelen estar a la vista en lugares preferentes.
Una vez cortadas las hojas, las fijaremos a la mesa de escritura con cuidado de no marcarlas, evitando pinzas, sargentos y demás útiles que puedan afear el material. Existen una variante de pinzas de carpintero que sujetando el pergamino entre dos tablillas nos aseguran la hoja sin marcarla. También se puede fijar al tablero con cinta adhesiva, cinta transferidora o similar. La variante medieval divergía según los scriptoriums: Desde sujetarlo con pesas, hasta coser el material a la mesa (no preguntéis, que sigo sin explicármelo), a fin de cuentas el resultado será el mismo.
Habremos elegido ya entre los tipos de alfabetos, tanto para las mayúsculas como para las minúsculas, así como las Capitulares (Letras iniciales de cada capítulo). En aquella época se podían elegir entre la Carolingia, (en el 1100 ya se conocía en toda la península), la visigótica (Sólo principios S. XII y en contados lugares) la Curial (Sólo S. XII para comunicados internos de la Iglesia), las Góticas con sus variantes tempranas, aunque en España en los siglos que nos ocupan se usaron casi únicamente las variantes Bastarda, Bourguignonne (S.XIII), cursiva gótica (S.XII - XIII) y la Rotunda en menor medida (finales del XIII). De entre todas ellas sobresale sin duda la carolingia, con el espíritu de ahorrar espacio para abaratar los costes en pergamino, una escritura de fácil lectura aunque algo lenta de ejecución, lo que facilitó la entrada de las góticas, mucho más rápidas de caligrafiar. Los textos en carolingia resultan hermosos, fluidos, austeros sin llegar a la homogeneidad de las góticas germanas pero sin perder la armonía del texto. Como mayúsculas lo usual era utilizar la Uncial, la Capitular Romana y la Cuadrata, aunque en la península se utilizó principalmente la primera (en ambos siglos). La Uncial, para los encabezados de texto (en tinta roja y mayúsculas) y las capitulares, resultaba fácil de realizar, rápida y legible. Personalmente recomendaría ambas por su facilidad de ejecución, vistoso resultado y sobriedad, (Carolina minúscula y Uncial para mayúsculas) aunque como ya he dicho, dependía de los gustos de los amanuenses y de su localización geográfica. Ambas fueron durante esos dos siglos las predominantes en la mayoría de copias de carácter conservador. Las variantes de Góticas, sobre todo la Rotunda, otorga al escrito una personalidad que cualquiera reconoce como medieval, además de aportar un carácter general mucho más elaborado.
Aceleraba mucho la escritura la incursión de abreviaturas que desde la época romana se usaban para agilizar el trabajo del amanuense. Así tenemos + por "Mas" x por "Cruz" VºBº por "Visto Bueno" a.C. por "Antes de Cristo" y demás. También se acortaban las palabras usando las primeras letras o una contracción con las primeras y las últimas: inc por "incipit" o tpre por "Tempore" a la usanza actual de los mensajes de móvil, pero más comedido.
Los signos de puntuación se introdujeron en la época Carolingia, y se usaban principalmente para dotar al texto de legibilidad. Para una pausa breve se usaba un punto "NON NOBIS · DOMINE" el equivalente a una coma. El equivalente al Punto y coma era literalmente un punto seguido de una coma ".," y el punto era un punto y coma ";" Para las pausas finales se colocaban dos puntos a media altura seguidos de una coma "··,". Los acentos se usaban como líneas horizontales sobre la letra o sílaba a acentuar, de una longitud que variaba según la intensidad que se le quisiera dar. El signo de interrogación se usaba desde el S. VIII, y las exclamaciones casi nunca aparecían.
Con el ánimo de ahorrar pergamino, toda la escritura se hacía seguida, de forma que visualmente era difícil averiguar cuándo empezaba un párrafo. Para ello antes de comenzar un párrafo se intercalaba una "C" mayúscula "de caput (cabeza)" con la que más adelante se empleó para designar el inicio de un nuevo Capítulo.

Los números en España existían desde hacía pocos siglos, pero en los S. XII y XIII se usaban sin problemas, a diferencia del norte de Europa, que tardó mas en implantarse.
Una vez sujeta la hoja dibujaremos el esbozo de la capitular, y a partir de ahí pautaremos la hoja marcando los renglones donde irán las letras (las dimensiones dependerán del tipo de alfabeto empleado, del gusto particular de cada uno y sobre todo de la pluma empleada).
A partir de aquí todo será un trabajo puramente mecánico. Los detalles de justificación de líneas, centrado del cuerpo del texto y demás las dejo a criterio del amanuense, que a éstas alturas tendrá ya sobrada idea de cómo elaborar el texto, aunque un método sencillo es el de contar los caracteres, espacios incluidos, que caben en el renglón y transcribir el texto ajustándos a esa estructura, con lo que tendremos un bloque de texto homogéneo. En cuanto al centrado del cuerpo del texto, la variante más simple es la de la imagen del ANEXO 1.
Letra a letra se irá completando la página, y página a página el libro. Dejaremos las capitulares esbozadas, y los trazos de finales de texto y otras ornamentaciones monocromáticas ya perfiladas.

Paso 3º

Ornamentaciones básicas.

Con las páginas ya escritas procederemos a dibujar los motivos en los márgenes. Éstos podían ser extremadamente variados, y la mayoría de veces no guardaban ninguna relación con el carácter del texto. Para aquellos que empiezan sería preferible que usasen motivos vagamente geométricos, arabescos, cenefas, motivos florales y demás, que realizados con pocos trazos resultan agradables por su sencillez. A los osados les recomendaría mirar algunos márgenes de Códices para hacerse una idea de cómo eran los dibujos, aunque cuanto más simple sea, menos posibilidades tendremos de echar a perder la página. No se puede generalizar en éste tema en concreto, pero las corrientes artísticas del S. XII se decantaban más por escenas y composiciones con el ser humano como protagonista entre motivos florales y arabescos, mientras que en el S. XIII los artistas se dejaban llevar por una imaginación desbordante, poblando los márgenes de monstruos y seres míticos, aunque como digo, generalizar es vano en éste tema, y tenemos ejemplos de los dos en ambos siglos, así como márgenes repletos simplemente de motivos geométricos a la manera árabe tan popularizada por los miniaturistas castellanos.
El mismo criterio se imprimía a las capitulares, pudiendo observar en el S. XIII capitulares que llenaban toda una página, y la misma letra formada únicamente por figuras que en si mismas podían llegar a contar sus propias historias. El límite está en la imaginación y pericia del ilustrador.
Resulta una tarea realmente ingente llenar todas las páginas de figuras imaginativas sin repeticiones, máxime si pensamos que normalmente los elaboraban entre varios, uno dibujaba, otro coloreaba los rojos, otro los verdes, etc… Con los márgenes ya delineados procederemos a pintar tanto las capitulares como los marginalia. Las preferencias eran los colores rojos, verdes y azules, aunque las obras más lujosas exhibían pintura de oro y plata.

Paso 4º

Las tapas.

El método más rápido de encuadernar un libro sería conseguir una tira de cuero algo más alta que el tamaño de la hoja y de una longitud de 2 cuerpos y medio o 3, con lo que nos resultaría una especie de cartera con cierre de ojal similar a las carpetas de documentos, pero hay otras maneras rápidas de encuadernar, y que resultan mas vistosas. Al principio se usaban dos planchas de madera, aunque en los siglos que nos ocupan dichas planchas solían ir forradas de cuero o piel, y cuanto más lujoso era el volumen, más profusamente ornamentado resultaba el acabado.
Las páginas se unirán en cuadernillos y se cosen juntas con bramante o fibras de cuero.
Una forma simple de realzar el trabajo de las tapas consiste en realizar repujados en los bordes del Códice, incluir bordados con hilos de oro y/o plata, dotar de cierres con tiras de cuero o tejido, e incluso cierres metálicos de arcón, con bisagras y demás. De nuevo, como en los marginalia, el límite lo pone el propio artífice. (Ver ANEXO 2)

Ya hemos realizado nuestro códice. Del tiempo empleado y de la pericia de los que han participado depende el haber creado una obra de arte realmente singular.

Anexo 1º

Encuadrar el cuerpo de texto.

La forma más usual de encuadrar el cuerpo de texto en una página consiste en la siguiente:
De ésta forma obtendremos una página armoniosa y con suficiente margen para las miniaturas que queramos elaborar. El margen superior y ambos laterales tienen la misma longitud, mientras que el margen inferior es el doble de los anteriores.
He presupuesto un interlineado mínimo, aunque si hay poco texto siempre llenará más la página unas letras grandes con interlineado ideal, además de resultar mucho más lucido para exhibiciones.
Éste es el modelo más básico de todos, siempre se pueden emplear otras proporciones, además de jugar con los justificados e incluso apaisar la página, siempre depende del amanuense.

Anexo 2º

Variantes de manuscritos Medievales.

Tanto para la recreación histórica medieval como para uso personal existen algunas variantes que aunque no tan exquisitas como un códice propiamente dicho pueden servir mejor para otros usos concretos.

Sobre códices existen múltiples variantes como hemos dicho, la mas sencilla de todas es la que no tenía tapas, sólo las hojas cosidas entre si, sin marginalia ni ornamentaciones, usualmente escritas a vuelapluma, aptas sobre todo para actas, procesos y demás escritos de cariz burocrático que por su uso estaban reducidos a su mínima expresión.

Para aquellos escritos de poca extensión se usaba una página escrita por ambas partes, o única cara, profusamente adornada según su destinatario y enrollada o plegada a modo de carta, sellada con lacre o una cinta de algún color con significado. Ésta forma es idónea para cartas de amor, poemas breves, misivas de carácter oficial y demás. Las páginas destinadas a ser escritas por un lado no solían ser tratadas por las dos caras; El lado peludo (como se designaba el lado externo) se conservaba sin tratar como para escritura, simplemente era curtido y eliminado el pelo con el fin de proteger aún más la conservación del documento, además de resultar más barato y rápido de procesar.
Una forma más compleja de la última opción es el rollo original, donde un largo manuscrito se iba desenrollando sobre dos cilindros, usualmente de madera, conforme se leían las frases. Normalmente se desenrollaba verticalmente, aunque para ciertos usos específicos, como notaciones musicales, documentos historiados o excentricidad de algún poeta, la lectura se ejercía desplegando el manuscrito horizontalmente. En ésta categoría entran las listas de cualquier tipo, los poemas largos, bandos y notificaciones de extensión mas larga que la de una simple página.
Los pergaminos estaban cortados longitudinalmente de la forma mas larga posible, y cosidas entre si las distintas partes, aunque originalmente eran reservados para los papiros, cuya manufactura se solía hacer de una pieza de la longitud deseada.

Los rollos, tanto de un cilindro como de dos podían ir adornados con cintas, medallas y vitelas de carácter vistoso, sobre todo para los usos oficiales de carácter noble, aunque no era norma al uso salvo en documentos reales.

La escritura en aquellos documentos realizados a vuelapluma era similar a la actual, realizados de forma rápida y sin más pautas que una línea recta donde sustentar la caligrafía, con frecuentes ligaduras entre letras y sin las limitaciones en los trazos que se les supone a los códices de los copistas. Ésta forma de realización ofrece menos trabajo y un aspecto mas informal propio de según que documentos.

El uso de puntos de lectura era algo ya ampliamente conocido desde hacía siglos, y algunos códices solían llevarlo cosido al lomo, siendo algunos auténticas obras de arte en sí mismas, realizados en tela, bordados en hilos especiales, con las iniciales de sus poseedores o dibujos fantasiosos, con citas cortas o simplemente una banda de pergamino escrita o miniada según el capricho del artífice. Su inclusión en nuestro códice realzará aún más su aspecto.
Las variantes en ornamentaciones externas eran ilimitadas. Existen tapas creadas totalmente de metal grabado o esculpido, planchas enteras repujadas, incluso en Oxford se conserva un curioso códice con las tapas peludas, sólo curtidas por el interior. Los cierres asimismo eran variados, desde una simple tira de cuero en un ojal hasta las auténticas cerraduras de bisagra con motivos grabados. Refuerzos metálicos en los bordes de las tapas y en las esquinas, cruces metálicas enjoyadas, grabados al fuego, estuches tipo caja metálica con aberturas irregulares, finas cadenas de oro y plata saliendo de un anillo de oro en el centro de la tapa, decoloraciones y entintados, bordados, listones de madera cosidos entre si, tallados en bajorrelieve en las tapas de madera bañados en oro o pintados, listones metálicos claveteados como herraduras, nervaduras de cualquier material, etc… sólo los autores ponían los límites. El nombre del códice solía ir en el lomo, y de nuevo la forma que tomaba era variada.
Fuera de la recreación histórica medieval
Afrontar el titánico trabajo que supone empezar de cero a realizar un códice usando técnicas medievales puede alarmar e incluso desanimar a aquellos que empiezan en ésta singladura.
Yo recomendaría usar materiales originales, me refiero al pergamino, papel de tela, cueros, tapas de madera y demás. En cuanto al material de trabajo siempre se pueden usar los modernos, me refiero a plumillas metálicas, tintas actuales, pinceles, reglas, barnices y demás utensilios y materiales que no desvirtuarán la obra (salvo a los entendidos, claro) además de abaratar considerablemente tanto el tiempo como el dinero invertido, pero se perdería un importante elemento de aprendizaje: El saber de primera mano cómo era realmente el trabajo de aquellos grandes artistas.
Ya hemos comentado anteriormente la recreación de Grimorios, y aquellos que desde una perspectiva medieval aunque no del todo histórica quieran realizar uno de carácter fantasioso podrían incluir elementos con los que no se debería trabajar. Para aquellos que quieran utilizar éste informe para ello les recomendaría que no escatimen en detalles ni ideas que coarten su creatividad. La fabricación de un códice sin las trabas de la recreación histórica supone una puerta abierta tanto a la imaginación como para la expresividad artística. Códices en DIN A-3 guardando en su interior un Códice en DIN A-5, páginas desplegables mostrando mapas o dibujos de gran extensión, utilización de alfabetos inventados o anacrónicos, márgenes en relieve o recortados para ver imágenes de las páginas siguientes, incluso he visto un curioso Grimorio concebido en forma de pentágono donde de sus cinco lados se desplegaban páginas formando un ritual y a la vez un atlas; El mismo autor ideó un Grimorio en forma de cubo donde cada una de sus 6 caras era un capítulo en códice aparte. En éstos casos la imaginación es el único límite.
A medio camino entre la recreación histórica y la creación de fantasía entra la inclusión de materiales que no eran los utilizados en el Medioevo pero que resultan apropiados para ello. Me refiero a la utilización de joyería falsa (siempre se pueden comprar esmeraldas de verdad, o diamantes o similar), o símil de cuero y piel, folios bastos con cierto parecido al pergamino, maderas de conglomerado o de balsa, telas tejidas, materiales sintéticos, caligrafía impresa en ordenador y demás. Bien realizado, su aspecto externo podría realizar la misma función que un códice recreado en según que casos, y para aquellos que no busquen la autenticidad histórica bien pudiera ser la solución para crear un símil de manuscrito de forma rápida y eficaz, aunque he de advertir que no es ése el espíritu de éste documento y desaconsejo la inclusión de según qué materiales e instrumentos que en modo alguno eran medievales, principalmente impresoras o similares que alejen del amanuense la obligación de crear las letras manualmente.